El destino de los cuyes en el Perú La historia de Charissa

Hace unos días nos escribió Charissa, una estudiante holandesa que ha llegado al Perú, más específicamente a la ciudad del Cusco a aprender Castellano, para contarnos de su experiencia al ver en las listas de los menús de los restaurantes carne de cuy y además verlos exhibidos en algunos mercados de esa ciudad, para ser consumidos.

Ella nos dijo: «Soy vegana y me encantan los cuyes y no para comer. En mi país los cuyes son parte de mi familia. Me parece que es horrible comer cuyes. Muchas personas en Perú tienen cuyes. Los crían ellos mismos y los matan ellos mismos. Pienso que la matanza no está muy eficiente siempre y hace que los cuyes sufran extra. No me atreví a preguntar a un chef directamente como se matan los cuyes, pero en Internet descubrí que un método normal es matar los cuyes cortándoles el cuello. ¡Esto es una muerte muy dolorosa! Quiero salvar los cuyes de este destino, pero no sé qué puedo hacer. Sola no puedo hacer nada en contra de esta práctica. Entonces quiero preguntar si me pueden ayudar. ¿Es posible iniciar una campaña contra esto? ¿O me puedes decir qué puedo hacer? Estoy dispuesta a dar mi tiempo y energía por ayudar«.

Sentimos su tristeza y compartimos su preocupación y ganas de salvar a esos pequeñitos animales, que en nuestro país desafortunadamente tienen el destino de morir (sufriendo, de hecho) y ser consumidos. Triste también es que no son los únicos animales que terminan así en el mundo. Comprendemos cómo se debe sentir Charissa al saber que animales que ella considera que deben vivir felices en un hogar, mueren dolorosamente para ser comida. 

¿ES NECESARIO COMER ANIMALES?
Aunque muchos piensen que el consumo de animales es necesario por supervivencia o que el no consumirlos afecta su salud o que nacimos carnívoros, lo cierto es que nacimos con la facultad de decidir qué consumir y qué no. Solo es cuestión de decisión. No de salud.

Le respondimos a Charissa que la costumbre de comer cuyes es una «costumbre» ancestral en nuestro país, costumbre que mucha gente ve como algo “natural”, así como también se ve el consumo de vacas, pollos, cerdos, etcétera, en este mundo y que es ese pensamiento el que debemos cambiar y así cambiar el destino de todos aquellos animales. Por eso, la animamos a escribir su historia.

“Hola a todos. Me llamo Charissa y esta es mi historia:

«Como casi todos, comí carne y otros productos de origen animal cuando fui niña. Me dijeron que eso es lo normal, y no lo dudé. Al mismo tiempo, también crecí con “mascotas”. Se supone que las «mascotas» son diferentes de la carne que comes. Es malo matar “mascotas”, pero contradictoriamente no es malo comer otros animales, porque somos humanos y se supone que debemos comer carne. Me enseñaron eso

«Cuando tenía ocho años tuve mi primera “mascota”, un cuy. Lo llamé Pruttel. Desde ese momento fue mi mejor amigo y lo cuidé como si cuidara a un niño. Creció y era muy manso. Era como un perro. En la mañana salía de su casa para saludarme tan pronto como abría la puerta. Y cuando estaba en el jardín y lo llamaba ¡venía corriendo! Nadie era como Pruttel y nadie puede reemplazarlo. Era un miembro más de mi familia al igual que mi madre, padre, hermano y hermana.

Se ofrecen en las calles y veo una víctima en cada calle.

«Mientras yo crecía apreciaba cada vez más a los animales, a todos los animales. Y me di cuenta de que cada animal, grande o pequeño, tiene su propio carácter, su propia personalidad al igual que las personas. Se comunican entre sí a través de sonidos y movimientos. Tienen sentimientos como las personas: sienten miedo, alegría, tristeza, curiosidad, dolor, placer, hambre, soledad, etc. Cada animal es diferente, cada animal es único e irreemplazable, cada animal tiene valor.

«Cuando puse a Penny, otro cuy, en el jardín con césped por primera vez este verano, ¡saltó de alegría! Y mi cuy, Arthur, a quien adopté, solo se sentó en silencio en un rincón de su casa, comenzó a caminar y a hacer ruidos y volvió a interesarse en las cosas que lo rodeaban cuando le lleve una amiga. 

«Sin embargo, a pesar de todo lo que había aprendido, todavía comía carne. Solo cuando conocí a una amiga que es vegana comencé a dudar de mis acciones. Ella me hizo consciente que lo que pensaba y sentía sobre los animales y lo que comía estaban en conflicto entre sí. Al principio me defendí con razones como: “pero me gusta”. “Todos lo hacen”. “Se supone que es así”. Pero me di cuenta de lo hipócrita que sonaba. Ninguna de estas razones justificaba comer otras personas, los animales. Entonces dejé de comer animales.

¿CÓMO TE SENTIRÍAS SI...?
…Si mañana te levantas, vas al mercado y ves que se venden como comida y como lo más natural del mundo, los animales que tú consideras tus compañeros, los perros y los gatos. ¿Qué sentirías? ¿Qué pensarías y qué harías?

«Vine a Cusco y aquí vi cómo mi animal favorito, como mis hijos que cuido y protejo en casa, son tratados como comida. Se ofrecen en las calles y veo una víctima en cada calle. Toda víctima era una persona. Toda víctima era demasiado joven para morir. Cada víctima nunca ha tenido una oportunidad.

«Estoy hablando de cuyes ahora, pero esta historia trata de todos los animales, grandes o pequeños. Todo animal es una persona. Y solo porque una persona no es un humano y no tiene una voz para defenderse, ¡no justifica que sean explotados por su carne o su pelaje o piel! Hoy, con toda nuestra tecnología, tenemos una alternativa completa para cada producto animal, ¡incluso una mejor alternativa! En todos los aspectos y en productos alimenticios.

«Déjame preguntarte, ¿si pudieras elegir entre un mundo en el que algunos de los habitantes de esta tierra obtienen lo que quieren y el resto lleva una vida terrible y no tienen posibilidades de una buena vida, y un mundo en el que todos tienen un lugar, todos tienen una oportunidad, en la que obtienes lo que quieres también, cuál elegirías tú? La elección es fácil, ¿no?

«Deja de explotar a otras personas, los animales.

«Muchas gracias por leer”.


Charissa nos cuenta que se ha unido a grupos veganos en el Cuzco. Esperamos que su estancia en el Perú sea lo mejor posible y que se lleve bonitos recuerdos y experiencias, a pesar de haberse enterado que existe un animal más en la extensa lista de animales que los humanos han decidido consumir y aquí aquellos animales que ella quiere tanto, rescata y cuida, son consumidos. Entendemos que cuando los defensores de los animales ven tantas injusticias hacia seres inocentes la vida puede ser muy difícil. ¡Ánimo a todos!

 

Restaurantes vegetarianos en Perú

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