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Copita, una gatita feliz

Publicado :mar/26

Copita, una gatita feliz

Copita fue encontrada en un parque en la calle, estaba coja debido a un atropello antiguo y la fractura había soldado sola. Imagínense el dolor que habrá sufrido esta gatita completamente abandonada por la humanidad. Kike vivía muy cerca a ese parque, un día la encontró y le dio tanta pena verla cojear que decidió llevarla a casa. Preocupado por ella, le dio de comer y beber. No se sabía cuánto tiempo habría estado este animalito sin probar esos alimentos. Era muy joven y al parecer no había tenido crías, felizmente porque sino también estarían en las mismas o peores condiciones que Copita.

Kike pudo llevarla a casa debido a que sus padres estaban de viaje, pero conforme iban pasando los dias no sabía que hacer con la hermosa gatita. Al verla jugar muy graciosa e inocente con un ovillo, al verla feliz tomando el sol en el balcón, al verla que había aprendido tan pronto a hacer sus bollitos en la arena especial para gatos se fue enamorando de Copita y el corazón se le partía al pensar que tal vez, tendría que darla en adopción, sin embargo se resistía. Algunos amigos de Kike le aconsejaron que la llevase a un albergue para gatos en su ciudad, pero Kike solo respondia melancolicamente: “Ya se vera…”.

fotografia-11.JPGPara cuando llegaron sus padres el ya les habia contado por teléfono emocionado la historia de la gatita. Su madre que era muy complaciente con Kike, aceptó a Copita en la casa y al ver que era un amor de gata le encanto, así que Copita se acurrucaba junto a ella en el salón a ver la televisión. Pasados unos días Copita se restableció más y se olvidó de su triste vida pasada. Se acostumbró a la casa y a sus nuevos familiares.  Y un buen día Kike la llevó en una canastita a la veterinaria para que la vacunen y esterilicen.

Así termina esta historia, con un final feliz. A la fecha Copita sigue viviendo con Kike y sus padres y fue bautizada como Copita por lo blanco del pelaje, además tiene un ojo verde y el otro azul y todas las noches la sacan a pasear por los jardines para que juegue con sus amiguitos, otros gatitos lindos.

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Historia de Michina

Publicado :mar/25

Historia de Michina

Ahora voy a contar la historia real de como Michina llegó a ser mi hija adorada. Resulta que un buen día estaba yo en un sitio donde estudio y llegaron a mi unos maullidos de gato chico desde una especie de congeladora malograda que había en el comedor de dicho sitio. Yo como siempre que escucho un maullido me dispuse a investigar, no iba a dejar a un gato, y menos chiquito, a su suerte por ahí, sin saber exactamente qué era lo que pasaba en su vidita.

Pues fui al lugar de donde provenían los maulliditos y abrí la tapa. Sí, era cierto, allí se encontraba el animalito que después sería mi bebe adorado. Tenía manchitas de todo color lo que me hizo saber que era hembrita. Al intentar agarrarlo me di cuenta de que era un gatito huraño hasta más no poder…”Seguro será una criita de los gatos techeros que se encuentran aquí”, pensé. La verdad no se cómo llegó hasta ahí, o si alguien la había puesto en ese lugar para que no fastidie…no lo se, a veces la gente es tan mala…Pero el hecho es que la atrapé con una franela y me la llevé a otro lugar más seguro. En esa época tendría como un mes.

Más tarde cuando me encontraba haciendo “mis deberes”(como diría Bob Esponja), tuve que rescatar a un hermanito de Michina de una carpintería y antes de éste llegó a mis oídos que había otro gatito en un taller de xilografía. Pero todos eran huraños y no querían que ni los miren.

Había personas con unas ideas de dejarlos a los tres en un taller y que vivan ahí, lo que me pareció mal, pues esos talleres están llenos de peligros y con unos olores horribles y tóxicos. Aparte de que el que limpia en la mañana de repente los iba a asustar . No era sitio para criar gatitos. Seguramente su madre los dejó o ellos se perdieron por ir a investigar. Así son los gatitos.

Bueno al final tomé la decisión de llevarme a los tres morrongos como sea. Conseguí una caja de cartón y me los llevé a mi casa, ya allí pensaría algo. Lo peor era que no se dejaban ni tocar. La comida se las llevaba y si me quedaba quieta un rato salían a comer y a jugar entre ellos, si me veían se escondían por ahí. Así pasaron algunos días y los gatitos no se acostumbraban a la gente por más que yo los visitaba seguido en el cuarto de la azotea donde los puse.

Para esto hice algo horrible y que pido disculpas a todos los gatos y a los amantes de los gatos y de los animales en general, fue algo que hice por ignorancia: Para que en la noche salieran a correr y a tomar aire por la azotea les dejé la puerta medio abierta del cuarto donde ellos vivían. Al parecer creo que les llegó una corriente de aire lo que les originó una gripe. Para los gatos chiquitos y sin defensas esto es muy difícil de curar aparte que sería casi imposible inyectarles antibióticos pues eran tan salvajes que no se les podía manipular. Sus ojitos se les pusieron llorosos y estornudaban a cada rato. Se les notaba decaídos.

Mi hermana trabajaba en un lugar donde daban cierta ayuda a los animales. Pensamos llevarlos a todos allá porque en mi casa iban a morir lentamente, ya ni tenían hambre ni ganas de jugar.

La cosa era agarrarlos. Fue dificilísimo. Estaban muy asustaditos. Al final logramos atrapar a dos de los hermanitos, pero Michina logró abrir la puerta del cuarto y deslizarse a través de un muro de la azotea que daba a una casa contigua, de ahí sería imposible sacarla.

Mi hermana se llevó sólo a los dos pequeñines que forcejeaban por salir de una canasta. Me daban mucha pena. Sabía que no los volvería a ver. Ya se tenía claro que si nadie los adoptaba los mandarían al cielo. Encima su salud no era buena y la curación de ésta era muy difícil.

Así fue: nunca más los volví a ver pues apenas llegaron a ese sitio el veterinario dijo que no tenían posibilidades, nadie querría un gatito que no se dejara acariciar ni nada por el estilo. Y no iban a estar encerrados pues iban a sufrir mucho. Se optó por lo que todos ya saben y que no quiero mencionar.

En la tarde cuando llegué a mi casa fui corriendo a la azotea a ver como haría por atrapar a la gatita. Y cuál no sería mi sorpresa al encontrarla en el sillón donde dormían, sentadita llorando. ¡Había regresado!. Y lo mejor de todo era que su miedo a mi había disminuido. Ya no se fue corriendo como loca al verme. Se quedó quietecita y yo la acuné y la abracé. Le hice toda clase de arrumacos y ella no decía nada…

La consolé también por la pérdida de sus hermanitos. Supuse que al verse sola no le que daba otra cosa que apegarse a la gente. Y como ya no estaba tan huraña conmigo sería más fácil ponerle inyecciones de antibióticos. Y así fue. Con mi hermana la curamos y ella se acostumbró mucho a mí. La llevé poco a poco a mi cuarto y dormia conmigo y tempranito me la llevaba a la azotea para que hiciera sus cositas…

Tenía la costumbre de esconderse, pero cuando yo llegaba salía y se dejaba acariciar, lo que no hacía con otras personas. Si escuchaba pasos muy fuertes se asustaba mucho. Siempre fue muy nerviosa. Incluso cuando estaba con sus hermanitos ella era la gatita más débil y a la que no dejaban comer, yo como sea la alimentaba. Aunque ella no se dejaba ayudar mucho.

Y pasaron los días y los meses y ya no vivía en la azotea sino en toda la casa. Se hizo muy amiga de Titi, una gatita de mi hermana que era mayor que ella. Jugaba con cucarachas, le gustaba morder los dedos, cosas que hace hasta ahora, y bueno esa es su historia, pero sus anécdotas son otras mucho más felices. Próximamente las contaré.

Gabi

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